Revelan videos sobre uso de explosivos y maquinaria pesada en obras del Tren Maya

Tren Maya explosivos

Materiales audiovisuales, que habían permanecido inéditos por años, han salido a la luz, evidenciando el uso de dinamita y maquinaria pesada en la construcción del Tren Maya. Estos videos, en su mayoría anónimos, muestran excavaciones, la devastación de la selva y la introducción de explosivos en terrenos naturalmente compactados.

La divulgación de estas grabaciones, algunas de los primeros meses de la obra, fue parte del debate “La destrucción y despojo de monumentos arqueológicos. El Tren Maya y el Parque Báalam Tum: una práctica injustificada”. Su aparición rompe el silencio impuesto a los arqueólogos que participaron en el proyecto.

El arqueólogo Jesús E. Sánchez, en entrevista con EL UNIVERSAL, denunció la censura y las amenazas dirigidas a jóvenes pasantes y profesionales. Muchos, ante la forma en que se realizaba el “salvamento” arqueológico, optaron por renunciar, negándose a ser cómplices de la destrucción del patrimonio.

Fernando Cortés de Brasdefer, otro arqueólogo crítico, testificó el uso de explosivos, particularmente en el Tramo 6, donde escuchó detonaciones mientras trabajaba en monumentos arqueológicos. Confirma la necesidad de dinamita para rocas y la presencia de maquinaria de martillo intenso, lo que afectaba sitios arqueológicos.

Cortés de Brasdefer enfatiza que las detonaciones en el área kárstica pueden sentirse a varios kilómetros de distancia, una realidad que, según él, muchas comunidades locales también percibieron. La falta de testimonios públicos se atribuye a las advertencias y amenazas recibidas por los arqueólogos involucrados.

Los materiales audiovisuales también muestran el arrasamiento de estructuras prehispánicas, incluyendo un altar en Calakmul, destrozado durante la rehabilitación de senderos. Después de las detonaciones, el terreno era “limpiado” y cubierto con sascab y balastro antes de la instalación de la vía férrea, haciendo desaparecer los vestigios.

Sánchez explica que, si bien se recolectaban fragmentos de cerámica, el contexto arqueológico se perdía irremediablemente una vez que la maquinaria pesada avanzaba. Acusa a funcionarios del INAH de intentar ocultar lo que considera un crimen contra el patrimonio cultural de México.

Los académicos criticaron duramente una mesa de debate institucional convocada por el INAH, donde, según Cortés de Brasdefer, se presentaron ciudades arqueológicas que no lo eran y se afirmó haber transportado edificios. Argumenta que solo se movieron piedras, dejando el núcleo de los edificios, con su información vital, intacto.

Cuestiona la necesidad de contratar tantos arqueólogos y restauradores para obras que, según él, requerían principalmente albañiles para trabajar con materiales nuevos, no prehispánicos. Califica de “mentira” la versión del INAH sobre el traslado “piedrita por piedrita” y acusa a la institución de manipular la información ante el público.

Jesús Sánchez expresó su indignación por el “cinismo” con el que los funcionarios defienden la destrucción, presentándola como un gran trabajo de salvamento. Recordó que el exdirector del INAH, Diego Prieto, justificó su actuar por temor a perder su empleo, una actitud que, según Sánchez, prevalece en la institución. Los arqueólogos planean seguir reuniendo pruebas y organizando reuniones académicas.

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