La cifra de víctimas mortales ha ascendido a ocho en Hermosillo, Sonora, a raíz de la inyección de sueros vitaminados. Las autoridades sanitarias apuntan a una posible contaminación bacteriana como causa de los decesos, un incidente que ha generado una profunda preocupación en la comunidad y ha puesto en marcha una exhaustiva investigación.
Los pacientes afectados experimentaron un rápido y grave deterioro de su salud, con fallecimientos ocurriendo hasta 48 horas después de recibir la administración de los sueros. Las dos últimas víctimas, que se encontraban hospitalizadas desde hacía varios días, se suman a la lista de decesos, evidenciando la letalidad de la presunta contaminación.
El secretario de Salud, David Kershenobich, confirmó la magnitud de la tragedia, indicando que de 11 víctimas reportadas, ocho han fallecido, una permanece hospitalizada y dos han logrado recuperarse. La Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris) ha intervenido, clausurando la clínica privada donde se aplicaban los tratamientos.
Kershenobich explicó durante la conferencia matutina de la presidenta Claudia Sheinbaum que los síntomas presentados por los afectados sugieren un cuadro de sepsis, una emergencia médica potencialmente mortal provocada por una infección severa. Las muestras de los sueros y de los pacientes están siendo analizadas en el Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán en Ciudad de México.
Además, se ha revelado que los “sueros vitaminados” bajo investigación no eran simples mezclas de vitaminas, sino que contenían otras sustancias, algunas de las cuales eran anunciadas engañosamente como “células madre”. Las autoridades sanitarias han hecho un llamado urgente a la población para evitar la administración de este tipo de tratamientos.
El médico Jesús Maximiano N., de 65 años, vinculado a los fallecimientos, contaba con licencia oficial, al igual que la clínica. Sin embargo, tras la identificación de los casos, el doctor se dio a la fuga. La Fiscalía ha realizado cateos en distintos domicilios para localizarlo, ya que se investiga si parte de los sueros se preparaban y aplicaban en residencias particulares.
Familiares de las víctimas han compartido desgarradores testimonios sobre el sufrimiento de sus seres queridos. Zulema Yazmín, madre de Zahid Alberto Castro Lagarda, describió cómo su hijo se sentía “muy mal, mareado”, se desmayó, se abrió la cabeza, vomitaba y, finalmente, “se desangró” con “sangre” en lugar de heces.
Diego Figueroa, hermano de Catalina Figueroa, relató que su hermana acudió a la clínica después de que sus padres recibieran el tratamiento sin complicaciones. Sin embargo, Catalina se sintió mal esa noche, y aunque el doctor le inyectó “otra cosa”, su salud empeoró drásticamente. Murió en el Hospital General, donde “se le quemó todo. Los riñones, el hígado… Era algo sumamente letal”, según su hermano.
El perfil en línea del doctor Jesús Maximiano N. lo describía como especialista en obesidad, enfermedades metabólicas, nutrición y procedimientos estéticos, incluyendo la “homotoxicología estética”. A pesar de las advertencias de especialistas sobre los riesgos de los “vitamin drip” o cócteles de vitaminas intravenosos, esta práctica se había popularizado en clínicas privadas y spas médicos.





