El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció la extensión del alto el fuego y el bloqueo contra Irán, una decisión tomada a petición de Pakistán para permitir que Teherán presente una propuesta unificada. Esta medida busca facilitar la conclusión de las negociaciones para poner fin al conflicto, a pesar de las aparentes divisiones internas en el gobierno iraní.
Pese a su reticencia inicial a prolongar la tregua, y su manifestado deseo de una acción militar contundente, Trump reafirmó la preparación de las fuerzas armadas estadounidenses. Esto contrasta con reportes de inteligencia del Pentágono que reconocen la significativa capacidad militar de Irán, incluyendo su arsenal de misiles y drones.
En respuesta, la República Islámica de Irán se retiró de una segunda ronda de negociaciones, aduciendo la “falta de garantías” por parte de Washington y condicionando su regreso al fin del bloqueo portuario. Simultáneamente, Irán realizó exhibiciones públicas de sus misiles más potentes y sus mandos militares advirtieron con atacar “objetivos predesignados” en caso de nuevos bombardeos.
El mandatario estadounidense reiteró el “control total” sobre el estrecho de Ormuz, fundamental para el comercio petrolero global, y profirió amenazas extremas sobre la destrucción de Irán si no se alcanza un acuerdo. Paralelamente, el Departamento del Tesoro de EE. UU. mantuvo su presión con nuevas sanciones a entidades vinculadas a la obtención de armas iraníes, buscando degradar su capacidad financiera.
En el ámbito diplomático, Pakistán y China han intensificado sus esfuerzos de mediación para propiciar el diálogo. El secretario general de la ONU, Antonio Guterres, acogió con satisfacción la extensión del alto el fuego, calificándola de “un paso importante hacia la desescalada”. Mientras tanto, persisten rumores no verificados sobre un intento de Trump de usar códigos nucleares, desmentidos por la Casa Blanca, añadiendo más tensión al complejo escenario.





