En un mensaje que resuena con particular preocupación en los círculos empresariales mexicanos, Jamieson Greer, representante comercial de Estados Unidos, ha dejado claro que la era de los aranceles, impulsada por la administración del exmandatario Donald Trump, parece haber llegado para quedarse. Durante reuniones clave en la Ciudad de México con líderes de la industria automotriz y siderúrgica, así como con funcionarios del gobierno mexicano, Greer enfatizó que la próxima revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) no augura un retorno a un escenario sin estas cargas impositivas.
La postura de Greer subraya una realidad comercial compleja: “Al presidente Trump le gustan”, afirmó una fuente anónima presente en las discusiones, “nunca volveremos a un mundo sin aranceles”. Esta declaración desvanece las esperanzas que México y Canadá habían depositado en la renegociación del T-MEC como vía para mitigar los elevados aranceles que han afectado significativamente la economía regional.
Particularmente impactadas se encuentran las industrias automotriz y siderúrgica de México, que dependen críticamente del mercado estadounidense, destino de más del 50 por ciento de sus exportaciones. La imposición de un arancel del 25 por ciento a las importaciones globales de vehículos bajo la Sección 232 de la Ley de Expansión Comercial de 1962, ha provocado una caída notoria en las exportaciones automotrices mexicanas y la pérdida de miles de empleos.
Además, esta situación ha generado una desventaja competitiva para México. Mientras que naciones como Japón, la Unión Europea, Corea del Sur y Gran Bretaña han negociado aranceles más bajos (15% y 10% respectivamente) para sus exportaciones automotrices a EE. UU., México enfrenta un panorama más gravoso, haciendo que sea paradójicamente más costoso exportar desde su territorio. En el sector siderúrgico, los aranceles alcanzan hasta el 50% para productos básicos.
Las conversaciones también revelaron propuestas estadounidenses para endurecer las reglas de origen. Se plantea la exigencia de que el 100 por ciento de componentes clave como motores, sistemas electrónicos y software provengan de Norteamérica, superando el actual 75 por ciento requerido por el T-MEC. Esto busca consolidar una mayor integración de la cadena de suministro dentro de la región.
Ante este panorama, la presidenta Claudia Sheinbaum ha manifestado el interés de México en alcanzar un acuerdo preliminar sobre los aranceles al acero y al sector automotriz antes de la conclusión formal de la revisión del T-MEC. Sin embargo, la comunicación de Greer deja claro que cualquier alivio sería parcial y que la “normalidad” de un comercio sin aranceles es cosa del pasado, marcando un desafío estructural para la competitividad mexicana.





