Enrique Inzunza, senador de la bancada de Morena, ha anunciado su separación temporal del cargo mediante una publicación en redes sociales. La decisión surge en un contexto de fuertes señalamientos por parte de Estados Unidos, que lo vinculan con presuntas actividades del crimen organizado, generando un considerable revuelo en la esfera política nacional.
El legislador sinaloense comunicó que, aunque se encuentra en la Ciudad de México y dentro de las instalaciones del Senado, ha optado por solicitar licencia para que su suplente, Omar López Campos, asuma su lugar y participe en las votaciones pendientes. Esta acción se enmarca en lo que Inzunza ha calificado como una “embestida mediática de la derecha”, buscando así apartarse del centro de la polémica.
La expectativa sobre la reaparición de Inzunza en el Senado era alta, especialmente porque se preveía que lideraría una comisión clave para el trámite de reformas constitucionales. Sin embargo, los proyectos legislativos terminaron siendo canalizados a otra comisión, lo que evitó exponer al senador directamente a la discusión pública y las cámaras.
Esta licencia llega días después de que Inzunza compareciera ante la Fiscalía General de la República (FGR) para abordar las acusaciones del Departamento de Seguridad de Estados Unidos. Estos señalamientos no solo lo implican a él, sino también a otros funcionarios y exfuncionarios de Sinaloa, incluyendo al gobernador con licencia, Rubén Rocha Moya, por posibles nexos con el Cártel de Sinaloa.
La situación de Inzunza pone en relieve la delicada posición de Morena, que ha adoptado una postura cautelosa. La narrativa oficial se ha inclinado hacia la defensa de la soberanía nacional, intentando así mitigar el impacto negativo que este escándalo podría tener en la credibilidad del partido gobernante y en la imagen de la Administración actual.
El senador, quien alguna vez fue una figura prominente y cercana a Rocha Moya, pasando de magistrado a secretario general de Gobierno en Sinaloa antes de llegar al Senado, ahora enfrenta un futuro incierto. Su rápido ascenso parece haberse detenido abruptamente, convirtiéndolo en una figura incómoda para su propio partido. La presión política interna y el interés de Washington sobre los políticos sinaloenses continúan creciendo.





