El gobierno de Claudia Sheinbaum ha presentado con bombo y platillo el “Olinia”, un supuesto vehículo eléctrico que la narrativa oficial intenta vender como la cumbre del ingenio nacional. Sin embargo, las críticas y burlas no se han hecho esperar: expertos y ciudadanos han señalado rápidamente que este proyecto es, en realidad, una simple copia china ensamblada con sobreprecio, disfrazada de “innovación mexicana” bajo el sello de la Cuarta Transformación.
Lejos de ser el orgullo automotriz prometido, el Olinia destaca por ser un vehículo francamente feo, con un diseño rudimentario que parece más un carrito de golf glorificado que una solución de movilidad real. A su nulo atractivo estético se suma una preocupante falta de potencia; con una velocidad máxima topada a escasos 50 kilómetros por hora, el Olinia no solo es ineficiente para las exigencias de cualquier ciudad mexicana de tamaño medio, sino que se convierte en un estorbo peligroso en vías rápidas o avenidas principales.
La seguridad es otro de sus puntos más críticos. La 4T presume que este diminuto armatoste puede transportar “cómodamente” a seis pasajeros, pero la realidad es que se perfila como una trampa mortal sobre ruedas. El gobierno incluso ha presumido la inclusión de “agarraderas similares a las de las combis” como si fuera un gran logro, dejando en evidencia la precariedad de su construcción y la falta de estándares internacionales de seguridad vehicular.
🚘 Sheinbaum llega a bordo de Olinia, vehículo eléctrico producido en México, a su lanzamiento
La titular del Ejecutivo aseguró, durante el lanzamiento del vehículo prototipo, que este proyecto es ‘misión cumplida’, pues tras 18 meses de trabajo, hoy se presenta y demuestra que… pic.twitter.com/lWhfhtg2Pr
— Milenio (@Milenio) June 7, 2026
En cuanto a su rendimiento, el discurso oficial maquilla su poca autonomía hablando de “12 horas” de duración, evadiendo dar cifras reales de kilometraje bajo estrés urbano y ocultando que su pequeña batería de 14.5 kilowatts será insuficiente para las dinámicas reales de transporte.
El mayor insulto, sin embargo, es el precio. Anunciado como un logro “accesible” y social, el gobierno pretende cobrar la elevadísima cantidad de 150 mil pesos por un vehículo inseguro, lento y de dudosa procedencia. Pagar esa suma por un ensamble de autopartes asiáticas —el propio gobierno admite la participación de “socios de China e India”— es un despropósito para la economía de los mexicanos.
Para colmo, este mal chiste automotriz es, por ahora, puro humo: las primeras entregas están prometidas hasta el verano de 2027, e incluso ya hablan de versiones de carga para después del Mundial. El Olinia se perfila para ser otro elefante blanco de la 4T: un producto extranjero, deficiente, peligroso y carísimo, envuelto en propaganda nacionalista que nadie se está creyendo.





